Contra Natura

Introducción

Publicado por Nacho en Enero 19th, 2008

La utilidad de los blogs es difícil de concebir. No sé muy bien si son una herramienta del ego sin más o si realmente pueden tener alguna utilidad productiva. No hay que ser tremendamente observador para darse cuenta que la mayoría de los llamados blogs son un conjunto de absurdeces y una amalgama de desinterés sin fin. No obstante, este producto de la bendita tecnología, del supuesto progreso, puede tener alguna utilidad en la transmisión de algo más que inconexos hechos que no aportan nada absolutamente.

En cualquier caso, es demasiado pronto para juzgar, y no quiero explayarme ya de forma desajustada desde un principio. Este blog para mi será como un compendio de mis pensamientos, quizá con el fin de evitar las jugarretas de la malvada tecnología (aquellas en las que sin previo aviso te borra cualquier cosa que hubieras escrito), pero no sólo eso, sino con el fin de compartir (y recibir si alguien lo desease) algunos de mis pensamientos, ideas o ilusiones (ilusiones aquí no quiere decir deseos, sino simplemente eso: ilusiones engañosas) con aquellos que lo deseen.

No se ha de entender como pensamientos sólo pensamientos filosóficos (a falta de un mejor adjetivo), sino científicos o artísticos y no por ello de menor valor. De hecho todo está relacionado y las tres categorías salen de la misma unidad mental. Tampoco es baladí mi predisposición hacia las ciencias positivas, y mi interés sobre las sociales, y que al fin y al cabo todas estas no son disyuntivas, sino todo lo contrario, y todas ellas conllevan sin duda reflexión además de que se influyen mutuamente.

Así pues y resumiendo, este blog será un blog de ciencia, filosofía y arte sin limitaciones intrínsecas y artificiales entre los diversos dominios de la actividad y el saber humano. Escrito para uno mismo, y para aquel que lo desee hacer propio. Y escrito sin limitaciones ni obligaciones, tan sólo cuando sea necesario.

Sobre el autor

Es irrelevante, y además, del todo innecesario, realizar una exposición sobre quien soy o dejo de ser (nadie importante, en cualquier caso, uno más). Pero sería injusto para aquellos que deseen leer este blog no saber al menos mi nombre.

El nombre es una simple denominación que nos es adscrita cuando nacemos, pero esta denominación nos la apropiamos con el tiempo y la hacemos única y singular (aunque la denominación como tal no lo sea). Nos identificamos con el nombre y con él nos plantamos en el mundo. Aunque estoy a favor de la privacidad en la red, no quiere decir esto que en ocasiones uno no haya de forma soberana decir su nombre. Una de estas ocasiones es aquella en la que uno se posiciona en cuanto a pensamientos (que no tienen porque ser –ismos e ideologías).

Aquel que desee ocultarse cuando se expresa no es en verdad un hombre libre, puesto de qué sirve ocultarse de las propias ideas, de aquello que nos hace únicos. De nuestra esencia, del Yo. Representamos el yo con el nombre, y la ocultación del nombre, es prácticamente un insulto a uno mismo, un rechazo del pensamiento, y por tanto del Yo. Entonces aunque es innecesario nombrarse fútilmente a cada ocasión, y es incluso sano no hacerlo en Internet, inequívocamente uno ha de tener el valor para hacerlo cuando habla de sus ideas.

Así pues, siendo consecuente con lo dicho, diré tan sólo una vez mi nombre, y esta será suficiente, porque además no tengo nada que ocultar: Ignacio Duart Gómez, nacido el 10 de Febrero de 1984 en Valencia. Por familiaridad prefiero que se me llame Nacho, pero no me molesta en absoluto que me nombren como Ignacio, así que esto lo dejo al gusto del contestatario en cuestión.

En la actualidad y debido a los diversos acontecimientos que marcan causalmente la vida de uno me han llevado a donde estoy: estudiante de psicología y futuro estudiante de física.

Sobre los enlaces

Obviamente, no me puedo hacer responsable de los contenidos publicados en las páginas y vitácoras que enlazo desde aquí. En ningún caso me identifico plenamente con los contenidos que puedan ser publicados en dichas páginas, simplemente son webs que me pueden parecer interesantes sin estar de acuerdo con todo lo escrito en ellas. De esto se deduce la imposibilidad de identificar mi pensamiento, al menos totalmente, con aquel publicado en dichas webs. Esto mismo es también extendible al caso de las referencias bibliográficas o de cualquier otro tipo.

En definitiva, mi opinión sólo es evaluable por lo publicado en esta y ninguna otra web, salvo que se especifique lo contrario. Debería así el lector curarse en salud y no prejuzgar por aquello a que haga referencia, a no ser que sea explicitado que esté o no de acuerdo con ello.

 

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