Contra Natura

Programa para un sistema materialista radical

Publicado en Pensamiento by Nacho en Febrero 17th, 2008

Leyendo lo restante de un manuscrito elaborado por Hegel, Hölderlin y Schelling: «Primer programa de un sistema del idealismo alemán», del cual sólo se recuperó un folio escrito por delante y por detrás, me ha venido esta idea a la cabeza. A priori, este programa supone delinear la base para el ordenamiento de mis ideas y la elaboración de las mismas a partir de un estado actual del conocimiento científico y social. No me atrevería tanto a llamarlo un sistema, puesto que no tengo demasiado claro hasta qué punto me permitirán mis planteamientos sistematizar las ideas, ni si seré capaz de tamaña empresa, y conseguir un cerramiento que envuelva un todo. Quizá tampoco me interese sistematizarlo todo, ya hay algunos filósofos que han desarrollado sus propios sistemas materialistas (Bueno, Bunge), sino centrarme en unos puntos concretos, donde una visión filosófica podría ser más provechosa. En cualquier caso, para ver las intenciones, leer el programa:

Programa para un sistema materialista radical

Este programa trata del desarrollo de un sistema que pueda proporcionar una visión completa de la realidad desde un punto de vista ontológico materialista. Los puntos de partida para el desarrollo de tal sistema son los siguientes:

  1. Se entiende que la realidad es totalmente material (entendida esta como materia-energía), no se da por hecho que se tenga que estar de acuerdo con este supuesto, así que se pasa a destruir mediante el razonamiento la idea de la existencia de «espíritus» de las más diversas clases.

  2. Se considera a la materia no como algo simple y monista, sino que es plural y con propiedades intrínsecas, y que a partir de esta pluralidad y variedad de propiedades, emanan de ella unas fuerzas que hacen que la misma se estructure de forma compleja, formando entidades únicas que se relacionan entre sí. Para ello se pasa a realizar un repaso del conocimiento físico actual de la materia, como defensa de la tesis.

  3. Se asume un punto de vista escéptico respecto del conocimiento absoluto, como único punto de vista válido para la progresión hacia la verdad, pero no así del conocimiento parcial de la realidad. Tampoco se acepta el escepticismo absoluto (Pirrón de Elis, Hume), ni se intenta resolver postulando perceptores omniscientes (Occam, Berkeley), sino por demostración del absurdo de esta tesis. Aceptando este escepticismo relativo y sano (científico), se asumen ciertas posiciones como temporales, y el sistema debe tener esto presente para poder ser mejorado ulteriormente, no cerrándolo completamente.

Se pretende realizar un recorrido por la historia del materialismo desde sus principios (Demócrito) a nuestros días (Bueno, Bunge, Ferrater Mora), recogiendo los elementos aprovechables de otros autores y pensadores desde un punto de vista contemporáneo, sintetizándolos de forma coherente, y rechazando aquellas ideas erróneas o innecesarias para nuestro fin. Pero no sólo ello, sino que debe beber de toda la tradición de pensamiento de las diversas ramas del saber que se apoyen en el conocimiento empírico (científico), y aquellas ramas de la filosofía, que sin haber declarado ser estrictamente materialistas (concepto vago por otra parte dado la pluralidad de ideas detrás del mismo), puedan ser entendidas y moldeadas mediante una transformación desde nuestro sistema aplicando nuestro marco conceptual a priori.

Además el desarrollo del propio sistema debe ser suficientemente sólido como para rechazar otras posiciones filosóficas actuales, en este sentido se declara enemigo acérrimo del nihilismo, relativismo y otras corrientes postmodernas, destruyéndolas por su incoherencia mediante el razonamiento desde nuestro sistema. Esta es una de las tareas primordiales de hecho, y no debe negarse el enfrentamiento a aquellas corrientes que considera absurdas, sino buscarlo activamente y ser beligerante.

En esta dimensión, es necesaria una redefinición del concepto de la metafísica, ya no como aquello más allá de la física, sino como aquello que emana del hombre pero que es difícilmente reductible a la materia puramente. En este sentido se asume la construcción de un espacio u obra antropológica, y se definen, psicológicamente pero sin ignorar la base biológica y fisiológica, las diferentes dimensiones del hombre. No se entiende esto como algo a parte de la materia, sino un producto derivado de la propia materia debido a las propiedades de la misma (auto-organizativa y compleja), una creación de la ontología de la primera persona, racional, pero que a la vez choca con la biología del hombre.

Así se pasa de entender la metafísica como algo trascendental a entenderlo como una voluntad transformadora, más allá de la biología. Una voluntad que se proyecta en la realidad creando este espacio antropológico, y con un sentido o finalidad concretas. A partir de esta voluntad consciente, se asume una posición vitalista del hombre, superando estas posiciones relativistas descritas anteriormente. Aquí la metafísica ya no se entiende como algo que se trae de fuera hacia dentro del hombre, sino lo contrario, que sale del hombre hacia fuera, creando este espacio y en «comunión» con otros hombres, debido a su naturaleza social.

La construcción de la metafísica del hombre como finalidad obedece a dos objetivos: la recuperación de la virtud, entendida esta como ejercicio de la razón para alcanzar la felicidad; y asumiendo la construcción de una estética de la vida. No se pretende dar tanto una guía estricta, sino unas pautas generales que sean el mínimo común denominador para la posibilidad de realización de ésta.

Debido a la cualidad del hombre como ser necesariamente social, se entiende que este hombre necesita del espacio antropológico, y así la metafísica no es una cuestión tan sólo proyectada desde el hombre, sino que asume que el hombre forma parte de la sociedad y por lo tanto es la suma de las acciones de aquellas personas que componen ésta la que debe crear un ambiente más propenso que permita el alcance de susodicha metafísica. Así pues se debe proponer el alcance de la sociedad lo más perfecta posible que haga posible tal tipo de vida. El planteamiento teórico no debe temer ser utópico entonces, ya que este es un fin lo más perfecto posible dentro de las posibilidades humanas. Pero no debe presuponer un estado de actitud y conducta por parte de los hombres para la realización de tal fin, sino que debe guiar desde el propio sistema teniendo en cuenta las circunstancias actuales y siendo realista hacia tal fin, aunque este sea en principio utópico.

Es más, para no ser caduco, debe intentar ser «visionario» en cuanto al acontecer futuro desde un punto de vista del desarrollo social, para intentar coordinar este desarrollo de una forma lo más adecuada posible a la consecución de ese fin. No se puede auto limitar en el fin desde un principio, porque la imposición de una finalidad por lo bajo resultará en una situación por lo bajo; en cambio si el fin es alto, aunque no se llegue a alcanzar, se conseguirá una situación por lo alto. Desde el sistema se le debe exigir al hombre, se niega así el conformismo y se le demanda una mayor perfección (aunque desde el conocimiento que ésta es inalcanzable).

Si la metafísica del hombre debe ser construida con la finalidad de la felicidad, la razón, y la estética de la vida, la construcción de la sociedad debe ajustarse a unas ideas con correspondencia empírica. Estas ideas deben ser la libertad y la justicia, entendiendo la justicia como igualdad de derechos, pero no presuponiendo la igualdad de las personas, ya que esta sería una idea errónea. Se asume desde un punto de vista natural que la persona es libre, pero dado que es un ser social, debe asumir la justicia como un hecho para que la sociedad sea tal. Estas son las únicas dos ideas desde la que emana la convivencia y la construcción de una sociedad que tenga la única finalidad de proporcionar ese espacio de libertad y justicia, en el que se pueda alcanzar la felicidad y una realización estética de la propia vida, todo ello regido por la razón. Se construye así una ética basada en estos dos conceptos, sin necesidad de morales trascendentales, con el sujeto como fin.

Como materialismo radical, sólo se asumen las ideas con un correlato empírico, este materialismo niega la utilidad de las «ideas de las ideas» (ideologías) y cree que la finalidad debe ser una reconciliación con la materia de aquella propiedad que poseemos las personas, la voluntad y la razón. Así, esta reconciliación pasa por la reducción de esas «ideas de las ideas» hasta que se llegue a un «idealismo» que sea reflejo de un sustrato material. Esto no significa la negación de la capacidad de abstracción humana, sino que esta abstracción, en el terreno de lo práctico, se relegue a una aplicación sobre el mundo empírico. Esto pasa por una transformación progresiva del sistema para «naturalizarlo», entendiendo que éste debe apoyarse en la realidad y dejar de ser un idealismo abstracto con vida propia. Como consecuencia de ello, se es crítico con los conceptos creados y abstractos que se apartan de la realidad, se transforma así la sociedad para intentar alcanzar esta metafísica del hombre basada en la realidad física. Esto pasa por un «repensamiento» de la economía, la política para que progresivamente intente alcanzar el estado utópico.

La economía debe así pensarse para ser aquella «ciencia de la escasez y eficiencia» que se supone ha de ser, siendo realista y dejando de tratar a la naturaleza como un pozo sin fondo al que se saquea y que presta servicios gratuitamente sin pasar factura, administrando lo más racionalmente los recursos limitados. La política debe obedecer a establecer ese estado (no se debe entender el término aquí como una supraorganización sino como una situación) de mayor libertad y justicia posibles.

En cuanto al conocimiento en general, se presupone aquí que una visión ratio-filosófica es la conductora hacia la verdad. En esta visión racional, se posiciona uno externo a la realidad, envolviéndola desde una posición observacional independiente. La razón de por sí sola, entonces, se erige como ojo que observa la realidad. Pero la razón no es, en realidad, un ente a parte de la realidad, así pues la razón está dentro de la realidad, aunque pueda despensarse de ella y posicionarse en una posición objetiva. Cabe entonces una primera observación: el entendimiento de cómo funciona esta razón. Esta tarea es vital para comprender cuales son las limitaciones cognoscitivas de la razón. Entonces se considera como permite la razón conocer la realidad, analizando como trabaja la razón. Este análisis se realiza desde un punto de vista general científico, psicológico y fisiológico.

Una vez objetivizada la razón, podemos proceder sobre una base sólida al desarrollo de una epistemología basada en este conocimiento vital. Superando así los errores heredados desde el establecimiento de la dualidad psíquica. Soy consciente de la pluralidad de ideas en la actualidad en cuanto a la epistemología, así que un repaso de las ideas recogiendo el pensamiento y analizándolo desde un conocimiento científico actual será necesario. Una vez aclarado esto, se ha de plantear, tal como pedían Schrödinger o Einstein, el intento de conjugar todo el conocimiento aunque sea de forma simplista, en un cuadro donde se dibuje esta circunferencia que comienza en la materia y acaba en la materia a través de toda su historia pasando por los diversos estados y organizaciones que dan lugar a las más diversas estructuras, desde el cosmos en su totalidad hasta la conciencia humana.

En definitiva, se establece como punto de principio y fin un hombre en un mundo material, que crea por relación con otros hombres, un espacio antropológico. Para eliminar el relativismo y nihilismo, se establece una «metafísica» del hombre, dada la voluntad y la capacidad de razón (abstracta) que este posee, una voluntad del sentido, necesaria, y una voluntad que debe despertar al hombre del determinismo. Con esta metafísica en mente, se proyecta sobre la sociedad, que a su vez debe progresar hasta ser un medio lo más perfecto posible en el que la realización de la misma sea plausible. Esta sociedad ha de regirse por unas ideas con apoyo en la realidad, y no en una abstracción absurda creada del aire. Y los mecanismos mediante los que el hombre se organice deben responder a la realidad, no a un ensimismamiento cerrado que cree a la materia como algo extraño, en un enfrentamiento de las ideas contra la misma. Para todo ello se han de entender el conocimiento y la razón como tal, e intentar conformarse un cuadro de la realidad sobre este conocimiento. Siendo así esta tarea una que trabaja sobre hechos e ideas ya producidas, un pensamiento sobre el pensamiento creado, de segundo orden, pero con miras a la realidad y no a las ideas.

Por último, no debe entenderse a este sistema como algo abstracto y teórico, de hecho supone todo lo contrario, un reencuentro con la materia desde la posición privilegiada de la razón, poniendo la razón al servicio de esta metafísica del hombre. Así supone en la práctica una eliminación del idealismo, que es en realidad lo dominante. Un intercambio de posiciones donde no es la materia la que sirve a la idea, sino la idea la que se adapta a la realidad material. Pero ya no quería decir tan sólo esto, sino que, por otra parte, a pesar de la formulación utópica que se debe realizar, debe posicionarse desde una perspectiva actual, con esta mirada utópica, y desligar la situación para ver como se puede aspirar a este fin.

Desde aquí interesa subrayar, que no es tan importante el desarrollo del sistema desde un punto de vista ontológico y epistemológico, lo cual otros ya han realizado de manera bastante sólida, sino desde este punto de partida la concentración de la atención en el punto en que se elabora y desarrolla la obra antropológica, cuya fuente es el individuo y en un proceso de retroalimentación se proyecta a la sociedad que a la vez se proyecta en el hombre. Es este espacio donde nace el propio Yo mental como producto del lenguaje, donde la conciencia animal toma una nueva dimensión y donde se proyecta esta razón abstracta, e incluso colectiva. Y donde creo que, si se asume esa voluntad de la que hablaba y no se considera al hombre como un ser determinista, el filosofar puede ser más productivo, puesto que el filosofar es el razonar sobre las ideas, y precisamente donde se resguardan las ideas (en este espacio antropológico), es donde mejor se puede aplicar el filosofar.

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4 Responses to 'Programa para un sistema materialista radical'

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  1. Carlos said, on Febrero 18th, 2008 at 10:04 am

    Un apunte sintético de cómo veo lo que para mí debería enfocarse: la mecánica que lleva a las ideas, su genealogía. Si se acepta la materialidad del mundo y por lo tanto su historia (que yo entiendo como estado de producción de resultados a instancias de un conjunto de interacciones de diversos grados y entre diversos componentes; esto es, como “evolución de la complejidad”), debemos tener constantemente en cuenta qué materialidad engendra nustras ideas y por qué, así como por qué las defendemos de una u otra manera. Este creo es el debate “materailista” que debería ser “raelista” por sobre todas las cosas. Por esto, apunto que en el “manifiesto” dejas demasiada autonomía a la voluntad, por ejemplo, y con ello al pensador, que en este caso eres tú. Tiene menos impoortancia delimitar la capacidad de definir la Verdad que comprender qué la hace real para nosotros, aunque no podamos evitar pensarlo “todo”. ¿No te parece? Cordialmente, Carlos.

  2. Nacho said, on Febrero 18th, 2008 at 12:09 pm

    Saludos Carlos,

    Percibo dos “miedos” u objeciones (corrígeme si me equivoco) en tu mensaje: Primero, que al dejar excesivo espacio a la voluntad, a esta voluntad creadora (de ideas y de proyección de las mismas sobre la realidad), la idea, desde un prisma concreto del perceptor (en este caso yo), vuelva a retomar el protagonismo por encima de la materia, con los peligros que ello conlleva: la desvinculación de la misma y la construcción abstracta y personal del “creador”, cayendo de nuevo en la red de la ideología absolutista que se cree en posesión de la verdad (socialismo, fascismo, despotismo, etc.). Segundo, que no comprender, precisamente por esta visión subjetiva de la realidad, que es lo que nos ha llevado a este visión particular, sea lo que nos impulse precisamente a dar un excesivo protagonismo al subjetivismo de la voluntad, cuestión que ha hecho que el hombre precisamente vaya de unos extremos a otros, de revoluciones a contrarevoluciones.

    En este sentido creo que hay que resaltar el tercer punto de partida del manifiesto: el escepticismo. Al adoptar una actitud escéptica, esto debería limitar la fuerza de la voluntad para erigirse como ideología, ya no se afirman verdades absolutas y tajantes. Por así decir, me posiciono a medio camino entre el relativismo y el absolutismo: el absolutismo asume que su verdad es la verdad única al haberse sumido en un idealismo extremo ajeno a la realidad (esto pasa incluso con algunos “materialismos” como el marxismo, que adolece igualmente de idealismo); y el relativismo asume el escepticismo pero de una manera que le sobrecoge, diciendo que no hay verdad alguna, que todo vale. En este término medio se asume que desde un punto de vista material, existen un acopio de emociones y sensaciones, que materialmente son más deseables o no (en cierto modo recuperando el epicureísmo y el estoicismo, pero sin asumir que todo está determinado, sino que podemos ser participes de la realidad), y desde este punto de vista a de construirse la realidad activamente a través de la voluntad, este es de hecho la verdad que se asume como cierta, con un apoyo material y real, y todo idealismo debe estar subordinada a esta realidad. Es decir, se asume que tan sólo esas sensaciones son reales, y la razón ha de posicionarse como directora de la voluntad para intentar alcanzar un medio de equilibrio lo más perfecto posible. En definitiva lo que quiero decir es que la voluntad debe ser entendida como capacidad de salirse del determinismo, como capacidad que nos distingue de hecho del resto de seres vivos (con un ejemplo tosco: el hombre – algunos – es el único ser capaz de suicidarse o sacrificarse por algo que no sea su reproducción) junto con la razón abstracta (el lenguaje), y de hecho deben ser las dos fuerzas constructoras, siendo una la mirada objetiva y la otra el poder de llevar a cabo esa mirada objetiva.

    Por supuesto, es importante comprender la evolución y génesis que da lugar al prisma particular desde el cual afrontamos la realidad, o porque creemos que esta verdad es la verdad. Se debe sobreentender que, en este intento de comprender la razón, se analizará la génesis y causa de las ideas y que es lo que nos ha llevado a las mismas. Y precisamente esto debería permitirnos ver que existe un punto desde donde se trazan las verdades, en forma de analogía: en la recta numérica, desde el 0 al +∞ está la verdad objetiva del mundo material (que aspiramos a conocer), el 0 es el hombre moderno, y desde el 0 al -∞ está la verdad creada por nosotros a partir de las ideas: la proyectada sobre el mundo material (pero hay que comprender que está verdad es construida, y sólo nosotros la hacemos de una manera u otra mediante la voluntad, en mayor o menor grado si nos salimos del determinismo). Y por así decir, todo ello forma parte del mundo material (el conjunto R). Es una analogía algo tosca, pero creo que se entiende, ¿o no?

  3. Carlos Suchowolski said, on Febrero 18th, 2008 at 7:45 pm

    La voluntad humana es elevada por el hombre al rango de capacidad supranatural a causa de la extrañeza que le produce su propia autoconciencia. Se sorprende tanto de su aparente potestad que llega a asignársela a todo y espera que todo elemento de la realidad tenga un alma inteligente (eso que dice Judith Rich Harris que nos hace hablarle al coche que no funciona, que produce totems, que construye almas, espectros y dioses… incluso en los demás congéneres-intelectuales, padres, líderes… ;) Y nos hace funcionar ambiguamente. Es un mecanismo genéticamente producido por la evolución y al que estamos condenados a responder. La voluntad y la extrañeza son inevitables, y todo lo demás… también… Ojo, no digo, para nada, que esté preescrito ni tampoco que sea pura conteingencia. Es más complejo sin duda, no está perfectamente dilucidado, hay un “determinismo de corto alcance”, muchas interacciones determinantes, unas más que otras, etc. En ese sentido me parece una buena aproximación la aportada por la “ciencia de la complejidad” o, mejor, su filosofía, si metafísica.
    Te contesto aquí complementando mi respuesta a tu comentario que me dejaste y que aprovecho para agradecer ya que se me pasó antes.
    Un saludo cordial y perdona si no toco todos los puntos apuntados, pero ya irán saliendo…

  4. Nacho said, on Febrero 18th, 2008 at 10:09 pm

    Transcripción de un fragmento escrito a porpósito de la conversación en la vitácora de Carlos (para ver el contexto, dirigirse aquí):

    Tal como yo lo veo el problema es que las masas rehúyen la realidad como si fuese la peste, del mismo modo que lo hacen los intelectuales (quizá entonces no sea ya que los intelectuales la rehúyen, sino que los humanos en general lo hacen). En este sentido lo que quiero decir es que las masas prefieren no ser participes de la realidad, a no ser que se vean “obligados” a ello (entiendo que por realidad estamos hablando aquí de este espacio antropológico, el cual engloba la sociedad entre otras cosas). Aquí es precisamente donde yo afirmo y grito: hombres, ¿habéis olvidado que sois libres? ¿Donde está vuestra voluntad? Por eso digo que la masa es decadente por naturaleza, porque se sume en ese errar por la vida, dejándose llevar por las turbulentas aguas de la historia.

    Por esto digo que el ser humano, como “buen animal”, lo que hace es adaptarse a la situación creada, pero… ¿creada por quién? Adaptarse lo mejor posible, y tan sólo cuando la situación se vuelve tan insoportable o tensa que ve peligrar la situación a la que se ha acomodado, actúa. Se suceden entonces las “revoluciones” y exaltaciones. Recordemos aquel 14-M, en el que las masas, tras haberse extasiado de locura y delirio, decidió “actuar”, pero solo entonces, no antes. Es como el niño pequeño que espera hasta el último momento para hacer los deberes. Lenin decía: “Libertad - sí, ¿pero para quién?, ¿para qué?”, obviamente no puedo poner límites a la libertad, no puedo condicionarla más que a la justicia, pero, ¿sabe para qué quiere libertad el hombre? O se “adapta” a lo que tiene sin más, se conforma: niega la voluntad que permite transformar (es en este contexto donde se debería entender la voluntad, a lo que supongo tu responderás “¿pero transformar en qué?”). Si nos dejamos arrastrar por esta desidia, entonces ocurre que mientras percibamos que las cosas no van muy mal, no haremos nada. Pero la historia fluye, como diría Heráclito, “nadie se baña dos veces en las mismas aguas”, ¿cómo pueden las cosas fluir ante la pasividad y la inacción? Porque no es tal, si existe acción, pero una acción tan minúscula que no produce efectos por sí sola, sino que necesita de muchas pequeñas acciones, imaginemos que pasaría si está acción fuese efusiva, con voluntad (de nuevo la palabra que ya parece la panacea, y de hecho, lo es).

    Si aceptamos el segundo caso, corremos el peligro de caer en aquel rancio despotismo ilustrado. O a caso no hemos caído ya, de hecho, en un despotismo de nuevo cuño. Ese despotismo no implica que tenga que ser algo malo, pero los gobernantes tendrían que ser hombres perfectos, ¿existe esa alma filosófica que tanto anhela Platón capaz de gobernar a las masas? Lo dudo. Es más, es el leviatán ingobernable, que se mueve por sí sólo, los gobiernos, intelectuales, etc. tan sólo son una parte más de esa excelsa complejidad que se crea a partir de una multitud de acciones. Pero creo que me voy del objetivo que aquí nos planteamos.

    Y al tiempo, empiezo a comprender tu “objeción” a mi manifiesto, ya entiendo mejor lo que querías decir, de lo cual ya había captado una parte, pero creo que ahora capto la otra. Con el lúcido ejemplo que pones del creacionismo, con el que no puedo estar más de acuerdo, se materializa (nunca mejor dicho) la realidad. Es cierto que bajo este enfoque se pueden alcanzar la VERDAD construida (humana), pero esta verdad es tan abrumadora o más como la verdad no construida (natural), quizá resulte incluso demasiado abrumadora para unas pocas personas como nosotros. A no ser que se caiga en una simplificación idealizada que lo más que puede hacer es aproximarnos a ella. Pero quizá este “triturado” de la historia, para realizar esa genealogía de las ideas, sea tan dificultoso, que sea más fructífero enfrentarse directamente desde una posición material a la historia (de hecho, no he llegado a desarrollar o plantear este punto en mi planteamiento de materialismo radical por ser demasiado beligerante e incluso pretencioso de entrada): CONTRA la historia, porque la historia es el apartarse inconsciente de la materia. Es el rechazo total del idealismo construido a partir de ideas, con todo su complejo aparato. Ya no me interesa tanto, entonces, esa comprensión profunda de la historia, sino la destrucción de la misma por su idealismo: este es el único planteamiento coherente desde un materialismo radical.

    Y esto es precisamente lo que quiero hacer ver: que la “realidad” ha de reconstruirse, o encararse hacia la Realidad, hacia aquello material y no ideal: hacia el hombre y su sensación. Me está resultando muy fructífera está conversación.

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