Contra Natura

Aristóteles para tiempos oscuros (II)

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Otros de los aspectos de Aristóteles que comentaré, después de haber hablado superficialmente de su carácter de hombre racional, equilibrado, y haberme desviado a comentar la concepción del “alma” y el dualismo que tiene su raíz en parte en aquel entonces, son su carácter sistemático-metodológico, científico, su realismo pragmático sin negar la posibilidad de mejora, su no-misticismo, y su criticismo.

Como todo ello está ligado y es derivado de su carácter racional, todo se puede tratar conjuntamente, pero como por algún lado hay que comenzar, lo haré por su realismo pragmático. Aristóteles, al igual que muchos otros griegos, creía que la vida debía ser vivida para alcanzar la eudaimonía, con esta como objetivo, es decir, con la felicidad. Esto aparentemente tan simple, hoy en día se le ha olvidado a mucha gente, que vive conforme a la necesidad, una obligatoriedad de deberes creados que no conducen a ninguna parte, son callejones sin salida, y erráticamente conducen a la infelicidad una y otra vez, es la falta de objetivo de la que ya hablé otro día; pero aunque si se examina la historia se observa que en todas las sociedades siempre ha ocurrido algo similar, no deja de ser inmensamente curioso, que en la actualidad, justamente cuando más fácil debería ser para los occidentales alcanzar esa felicidad, es cuando más desviaciones y afecciones psicológicas se producen, en vez de reducirse se han incrementado, y esto por fuerza mayor ha de significar algo, obviamente.

A pesar de esto, como hombre realista que era, sabía de las diferencias entre los hombres y que no todos buscaban la felicidad de igual modo, así elaboró una serie de escritos que luego serían compilados en lo que conocemos como la fantástica obra “Ética a Nicómaco”. De todas las obras de Aristóteles, esta es sin duda la más vigente, en ella se esgrime la virtud, y con una elegancia y simpleza propias de un sabio y maestro, trata, sin necesidad de entender ninguna metafísica ni su sistema, como alcanzar la plenitud de la eudaimonía, la búsqueda de la misma mediante la virtud, la virtud como el propio fin. Lo bueno de la ética es que tiene una fundamentación empírica, y que se puede comprobar en las propias carnes: la felicidad de la persona. Así que como cura al nihilismo, en vez de proponer “el poder” de Nietzsche, se puede contraponer “la virtud” alcanzable mediante “la razón” de la tradición socrática. Nietzsche que niega todo conocimiento posible, nos impone su verdad, la del poder, ¿pero por qué hemos de aceptar su verdad? Podemos bien construir la nuestra propia, porque esta es su verdad, pero no es la verdad, tal vez porque no hay la verdad como él bien sabía. Entonces ha de ser una verdad útil, aquella que nos conduce en definitiva, a la felicidad; Nietzsche era un genio, pero un genio idiota, un pobre infeliz que ante la “muerte de Dios” y el advenimiento del nihilismo no supo construir otra verdad que aquella producto de su imaginería onírica inconsciente. No nos dejemos entonces arrastrar por ella, y seamos conscientes de que la felicidad no tiene porque ser la que se alcanza con el poder, sino con la virtud entendida esta como la razón. En este sentido estamos más allá del bien y del mal, de la moral, pero porque la virtud se materializa en el perfecto equilibrio estático y la razón per se.

Si el mundo es en apariencia irracional, y nos hemos de guiar por esto, ¿de dónde se deduce que no hayamos de construir nuestro fin como la virtud? En este sentido, la virtud se ejercita mediante la razón pero no sólo esto, supone esta comprensión profunda de nuestro ser y la templanza del mismo: la templanza entre las pulsiones irracionales y las racionales. Construyo un propio fin y destino entonces, pero mi destino es la virtud, entendiendo esta como lo anterior, y mi destino es el conocimiento. Aunque sea fútil buscar la comprensión de la realidad, el conocimiento, esta búsqueda irracional junto con la propia virtud que dirige mi vida, son mi fin. Este es mi vitalismo: una mayor conciencia de la realidad, mediante la razón, y la búsqueda de la virtud, como templanza. En este sentido estoy más allá del bien y del mal, y tan sólo mi fin aunque sea en parte irracional, construido por mí mismo, me permiten alcanzar una paz mayor, una tranquilidad existencial, y una mayor comunión con la materia, de la que estoy hecho y de la que formo parte. De la realidad.

Aunque esta sea una divagación propia, y que no tenga porque concordarse con Aristóteles ni mucho menos, es una observación del perenne concepto de la virtud, la búsqueda de la felicidad y la razón como conceptos vigentes, aún en un contexto post-metafísico y habiéndolo superado. No son por lo tanto conceptos desechables ni mucho menos, sino que ahora más que nunca, a pesar del escepticismo y el nihilismo dominantes, son un arma muy poderosa para dotar de sentido a la existencia, la búsqueda irracional de la razón en la realidad, aunque esta sea inalcanzable, y una ética superior basadas en la templanza del yo.

Volviendo a Aristóteles, su realismo pero actitud crítica y de mejora le llevo a escribir ampliamente sobre política, no descuidando, de esta forma, no sólo las cuestiones trascendentales o las naturalezas corpóreas, sino la dimensión social del hombre y como esta debe ser modulada. En este sentido cabe destacar su concepción del Estado, este ha de “producir” los mejores hombres posible; y un estado será mejor en la medida que permita al hombre alcanzar mayor felicidad. Así aunque el estado es un fin en sí mismo, también es un medio. Por lo tanto no es una servidumbre del ciudadano hacia el estado sin más, sino que esta revoca al ciudadano en algo: una mayor consecución de la felicidad. Si no hay esta repercusión, entonces hay algo que falla. Por otra parte la estructura en la práctica de la que habla Aristóteles tiene poco que ver con la estructura moderna de los estados actuales. El hecho de la consideración de los tamaños del estado (entonces las polis) es ya un hito importante a tener en cuenta. ¿En qué medida se puede considerar una verdadera democracia el sistema actual en comparación con las democracias de entonces? ¿Es posible una verdadera democracia con la estructura de los estados actuales? En realidad vivimos más en una mezcla de aristocracia-oligarquía de facto que en una democracia. Aunque no quiero meterme en harina de otro costal y profundizar en el tema político.

Por otra parte tenemos su carácter sistemático. Esto le llevo a tratar una gran multitud de temas y ligarlos de forma coherente, de hecho es el primer gran sistema filosófico de la historia (al menos heredado). Este carácter sistemático se ve proyectado (o es una proyección de) en su actitud crítica (y su lógica) y probablemente científica (fue uno de los primeros biólogos, y un gran botánico, además de tratar la física). En este sentido permanece apegado a la Tierra, después de un aprendizaje y una maduración de su pensamiento, pudo y supo criticar el pensamiento anterior de su maestro, Platón, superándolo. No cayó entonces en ninguna clase de dogmatismo y utilizando la razón intento aproximarse lo más posible a la verdad (cosa que hizo sin duda, ya que desde la perspectiva moderna, es visible que él estaba más en lo cierto que parte de sus antecesores).

Ciertamente hay mucho que tratar sobre su pensamiento, y se puede releer de diversas maneras. No es del todo inútil ni mucho menos desde un punto de vista moderno, pero como ya dije, no es esto lo más valido en la actualidad de su pensamiento, sino su actitud, precedente del pensamiento actual, y una guía de la que es bueno no desviarse con demasía. Debemos entonces actuar igual que él lo hizo: con racionalidad y templanza, pero sin negar la realidad de nuestra naturaleza (que él percibió profundamente), debemos guiarnos por la virtud y la felicidad. Debemos ser sistemáticos, puesto que aunque la construcción de grandes sistemas de pensamiento sea dificultosa sino imposible ya hoy en día, esto no conlleva que no podamos aplicar cierta sistemática para dotar de coherencia a nuestro pensamiento y ordenarlo, porque si no estamos abocados a la distorsión y a una visión turbia y ofuscada de la realidad. Debemos ser, en cierto modo, realistas, tanto en cuanto esto nos permite afrontar mejor las circunstancias y observar los problemas inmediatos, pero en este punto tengo mucho más que hablar ya que esta afirmación puede llevar a engaño, así que tan sólo es una afirmación parcial, si tal cosa es posible, hasta que lo aclare en más profundidad. Debemos ser científicos, no podemos negar, aunque sea una validez parcial, a nuestro conocimiento científico, aunque este no sea total es lo más objetivo y empírico que tenemos y por lo tanto lo más veraz, aunque sea contingente. Saber de la contingencia de todo nuestro conocimiento de la realidad nos impulsa por otra parte a ser críticos y metodológicos, como única manera de superar cualquier dogma y progresar, aunque este progreso nunca llegue a su fin y sea inagotable.

En definitiva, esta forma de pensar y presentarse en la vida, nos permitirá diferenciar a charlatanes de auténticos, en ciencia, filosofía o sociedad. Nos permitirá desenmascarar a aquellos que intentan manipularnos y vendernos una realidad que no es tal. Nos permitirá acercarnos más a la verdad. Y en definitiva nos permitirá acercarnos más a una vida más digna. De este modo entonces, hay que leer a Aristóteles, para sacar aquello correcto de su pensamiento, pero no sólo a él sino a cualquier otro, de la misma manera que él lo hubiese hecho.

Escrito por Nacho

Enero 26, 2008 a 4:59 pm

Escrito en Pensamiento

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