Aristóteles para tiempos oscuros (I)
En estos tiempos es importante leer a Aristóteles, digo Aristóteles como podría decir muchos otros, pero he elegido Aristóteles por varios motivos.
Quizá en términos modernos, teniendo en cuenta la ciencia y sociedad moderna, Aristóteles nos parezca caduco y desfasado, pero se puede releer de muchas formas, de ahí lo imperecedero de su pensamiento. Aunque no es esto lo que más me llama la atención de él, sino ciertas características psicológicas que nos dicen mucho de cómo afrontar las cosas, y en parte también su propia mirada hacia la psicología (su concepción de la psique).
Primero, es el estereotipo de hombre racional, por encima de sus impulsos. A la vez, es un hombre equilibrado y templado, él mismo ponía mucho énfasis en el punto medio (está la virtud), así que a pesar de ser razonado no negaba la pasión y el romanticismo (por decirlo de alguna forma) inherente al hombre, desde un punto de vista moderno se sabe que ambas naturalezas tienen su origen en la fisiología del cerebro y el aparato neuroendocrino y negar esto es suicida y sólo puede que crear desajustes psicológicos. Este impulso a veces irracional, este romanticismo, es lo que Freud denominó ello, pero contrariamente a lo que Freud creía, el ello y el superyó no son diferentes, forman parte de una misma naturaleza. No se sabe con exactitud, pero muy probablemente la ética connatural tenga orígenes irracionales y atribuibles al mismo aparato fisiológico al que Freud atribuía las pulsiones (que él redujo a las pulsiones sexuales, en un ejercicio de reduccionismo un tanto ingenuo por otra parte). Este aparato es el cerebro reptiliano, primigenio, y en gran medida modulado por neurotransmisores. Por otra parte tenemos nuestro gran computador, la neocorteza, la casa de la razón y de la conciencia (el yo de Freud).
Conocer esto es el primer paso hacia una vida más sana y equilibrada, y Aristóteles, a su manera, lo sabía. Platón en su mito del carro alado nos habla de los tres tipos de almas, y caracteriza a los hombres por estos tres tipos, los hombres que tiran más del neocortex, que lo procesan todo y lo racionalizan, son aquellos en los que su alma racional (el auriga) es la más imperante. Aquellos más impetuosos pero movidos por sentimientos altivos como el honor son los que poseen un alma irascible, esta clase de personas son conducidas ya más por su cerebro reptiliano y sobre todo por ciertos neurotransmisores, y por último está la dimensión que se identifica con el ello de Freud, los deseos irreprimibles, aquellos en los que prima este comportamiento que no utilizan demasiado el neocortex. Por supuesto todo esto es una simplificación, pero es suficiente para ilustrar la cuestión. Lo curioso de todo esto es ver cuan equivocado estaba Platón: el auriga no es la razón, sino más bien los dos caballos son los que tiran del auriga, y estos dos caballos en realidad no son más que uno, pero este caballo tendrá un carácter u otro dependiendo de varios factores epigenéticos.
Así, replanteo la metáfora de Platón de otro modo: el alma (luego hablaremos de que es esto del “alma”) es la unidad, es el jinete que galopa con su caballo, pero no es el jinete el que dirige este caballo impetuoso, sino es muchas veces más bien el caballo el que decide su destino. El jinete (que es la percepción consciente de uno mismo y las circunstancias) y el caballo (las pulsiones “irracionales” o inconscientes de la naturaleza) se hallan en constante lucha, y ambos tiran a la vez en direcciones contrarias. La persona más racional es aquella en la que el jinete suele dominar al caballo, y la persona irracional es aquella en la que el caballo domina al jinete. El punto medio de Aristóteles se puede encontrar en el cariño entre el jinete y el caballo. Si ambos se tienen cariño, y se conocen y respetan, entonces ambos encontrarán el camino más fácilmente. Aunque a veces disientan, se podrán de acuerdo con mayor simplicidad; y cuando disientan, les será más fácil tanto encontrar el camino de nuevo, como respetarse mutuamente. Ahora bien, hasta qué punto es posible ejercitar este conocimiento mutuo entre las dos realidades de nuestra naturaleza, me es imposible contestar. Se sabe todavía muy poco sobre qué facetas de la personalidad y el carácter son fenotipos, y en qué grado interactúan con el ambiente (cuál es la regulación subyacente al proceso); pero aunque parezca difícil de creer, tener conocimiento de que esto es así, ser consciente del funcionamiento de nuestra “alma”, es un paso para lograr el punto medio.
Bien, continuando con Aristóteles, este desechó en gran medida todo lo que Platón había dicho acerca del alma, su doctrina. Y planteó un modelo que estaba infinitamente más cercano a la realidad que el de Platón. En un primer momento desecho el dualismo de Platón. Hasta que punto esto es importante es inimaginable. Encontró un apoyo racional en su sistema metafísico para ello, pero en cualquier caso desechar la desvinculación del alma y la materia es algo capital. No cabe atribuir el mérito tan sólo a Aristóteles en este sentido, la importancia de los presocráticos es vital, pero desconozco sus escritos en profundidad (y es poco lo que ha llegado a nuestros días por otra parte, y muchas veces por boca de otro) y no fueron tan sistemáticos como Aristóteles (otra de sus grandes virtudes, de las que hablaré más tarde).
En este sentido destacaría a Tales, como iniciador de todo este embrollo, cuyos pensamientos implican la negación del dualismo al ser todo reducible a la materia. Luego vino Pitágoras y fue el que comenzó todo el lio que nos ha durado hasta nuestros días: la enfermedad (porque es una maldita enfermedad) del dualismo. El dualismo implica muchas cosas, tantas que tratarlo ahora me llevaría demasiado tiempo, pero de modo somero luego realizaré algunos comentarios. Que Pitágoras y los pitagóricos se inventarán el dualismo es una consecuencia lógica de su forma de pensar, si idealizas la idea del número y las matemáticas. Si entitizas las matemáticas (sobre la filosofía de las matemáticas trataré en otro momento), ¿cómo no entetizar el pensamiento, cosa en apariencia mucho más lógica? El alma, la psique, es una consecuencia de entetizar el pensamiento. El pensamiento se abstrae y se concretiza en un ente al que llamamos alma, un ente a parte del mundo material. El dualismo es la gran mentira de la humanidad, y muy dañina, pero como digo, ya hablaré sobre esto a su debido momento.
Después de Tales destacaría a Alcmeón, que estudió la percepción y realizó disecciones, además de situar el pensamiento en el cerebro y a Empédocles que también realizó sus teorías sobre la percepción, además de fundar el empirismo (el empirismo es una de esas consecuencias del dualismo, aunque esto sea simplificarlo excesivamente, y ya será tratado ulteriormente). Aunque no hablaran sistemáticamente sobre el alma (pero si realizarón consideraciones como el determinismo, o la habilidad de la razón para penetrar la realidad) soy fan de Leucipo y Demócrito, esta gente eran unos verdaderos lumbreras y su acercamiento a la realidad es el más moderno de todos, aunque escaso; así que no tengo más remedio que nombrarlos. Mi identificación con Demócrito es profunda, y creo que no tuvo el impacto suficiente posteriormente, tampoco me puedo aferrar completamente a su doctrina ética, pero creo que es un nombre que debe ser honrado.
Como ya me desvío en demasía del tema, retornaré a los cauces. No considero a los sofistas ni a Sócrates porque desconozco bien lo que decían a cerca del alma (o si decían algo), pero al menos Sócrates me parece un dualista más que otra cosa (es una deducción lógica de su forma de pensar, puesto que si existen las ideas, ¿por qué no ha de existir el alma? El mismo caso que Pitágoras). El resto es historia, Platón, del cual ya conocemos su pensamiento y luego Aristóteles. En Aristóteles no acaba la historia por supuesto, pero por algún lado he de cortar, y como he empezado hablando de Aristóteles, en Aristóteles he de acabar.
Vuelvo a donde lo deje: él vuelve a vincular el alma a la materia y realiza un considerable esfuerzo en dar una explicación al alma, que como dije, es más cercana a la realidad que la que propuso Platón. Empero, es insuficiente, habiéndose establecido el dualismo con anterioridad, yace un poso en el pensamiento que es el alma, aunque Aristóteles intenta reconciliar el alma con la materia y con su sistema metafísico, no puede eliminarla, porque ya tiene una concepción de la misma. No se vuelve así a las consideraciones de Tales o Demócrito, sino que, por otra parte no tan ilógicamente, se percibe la necesidad de la psique. Digo que no tan ilógicamente porque las conclusiones de Tales y Demócrito, aunque adelantadas a su tiempo en milenios y producto de una singular genialidad, tampoco son tan perceptibles a simple vista. Aristóteles no es irracional al asumir el alma, y de hecho es enteramente racional al intentar reconciliarla con la materia, no cae en el “platonismo” de Platón, perdón por la redundancia, que tiene su origen en Pitágoras.
El resto ya se sabe, no considero la etapa helénica porque su impacto en el pensamiento posterior en cuanto a la arquitectura y ontología del alma es mucho menor. En principio todo se baso en Aristóteles y Platón, y las interpretaciones variaban conforme a la doctrina eclesiástica del momento. En algún momento se consideró al alma y cuerpo como unívocamente unidos, como realmente lo consideraba Aristóteles. Pero claro, llega un momento en que lo de la muerte y resurrección de la carne no cuela, y parece que hay que volver a las andadas y separar alma y cuerpo (que serán unidos de nuevo después del juicio). No sé hasta qué punto estoy en lo cierto o en lo erróneo, pero fuera como fuese, hemos llegado con el problema heredado del monismo contra dualismo a nuestros tiempos. Por supuesto, si preguntas a un filósofo de la mente, neurocientífico (y psiquiatras, neurólogos) y en menor medida los psicólogos (pero me gusta cree que también, y como estudiante de psicología al menos yo lo creo con fortaleza), la mayoría apuestan por el monismo (aúno bajo este nombre una gran multitud de teorías por supuesto, pero que en su esencia no piensan que exista un alma aparte de la materia). Pero la cuestión no es que los especialistas de la materia lo sepan, sino lo que la inmensa mayoría de la población piense, y por desgracia el dualismo es el pensamiento imperante. Yo diría que incluso entre ateos y agnósticos hay bastantes dualistas a su modo, pero es que la religión necesita del dualismo para explicarse (que no “Dios”, como bien podría ser el motor inmóvil de nuestro Aristóteles, o el Dios de Espinoza y Einstein). Y ahora comprenderéis porque digo que es un gran mal, aunque no sólo por la religión, sino por otros problemas a los que ha dado lugar de corte filosófico (ontológicos) y epistemológico, que sería demasiado largo de tratar y lo dejo para otra ocasión.
En vez de seguir por la línea de Aristóteles e intentar acercarla a la de Demócrito o Tales, se ha intentado hacer lo contrario, cada vez desvincular más el alma de la materia. Aquellos que intentaron rechazar el dualismo siguieron en gran medida con el estigma del dualismo, lo cual hace concebir a la persona como una realidad distinta de la realidad a la que pertenece (y esto, por extensión, da lugar a los problemas de corte filosófico-epistemológico, como ya he dicho). Dejemos de lado esto y dirijamos nuestras miradas a otros aspectos de nuestro querido Aristóteles.
Aunque antes quiero realizar una puntualización. Aunque los haya apuntado con el dedo (a Pitágoras y Platón), ni mucho menos les echo la culpa de todo el embrollo y todos los males. El espiritualismo, y la concepción del alma como una entidad real, no es culpa tan sólo de ellos. De hecho, estoy plenamente convencido que tiene una explicación científica arraigada en nuestro inconsciente, en este cerebro reptiliano que interactúa con nuestra otra mitad, la neocorteza, y ya es sabido que los antropólogos han encontrado muestras ancestrales de comportamiento religioso, tan antiguas como nuestra especie. (Continuará…)