Contra Natura o Contra Él Humano
La sociedad va contra natura. Entendiendo por sociedad, la sociedad moderna humana. No en el sentido de que no es natural, sino que actúa en contra de sus procedimientos. Sobre todo, en cuanto a la selección natural. Pero tampoco se puede caracterizar la selección natural como una entidad con vida propia, no es sustantiva.
No obstante, la selección natural es un proceso que actúa inexorablemente, a pesar de todo. En los momentos más remotos e inesperados, sobreviene y abraza con fuerza todo aquello que encuentra a su paso, estrujándolo y exprimiéndolo, y tan sólo lo más esencial en la tormentosa situación dada quedará libre de su aniquilación. Tan sólo lo que sea esencialmente superviviente sobrevivirá a ese proceso de colación. En este sentido, vaya o no la sociedad contra natura, quizá no sea beneficiosa.
Trataré de explicarme. Digamos que la sociedad va contra natura, esto es así por lo que sigue: dado que la sociedad, o el conjunto de circunstancias que conforman la entidad abstracta y el constructo socio-histórico y socio-cultural, es decir, la sociedad, permeabilizan los efectos de la naturaleza en la humanidad. En efecto es así, ya que el ser humano, al aislarse de la naturaleza en sus fortalezas y construcciones no permite que la selección natural actúe sobre los individuos de la sociedad. Cualquier individuo de la sociedad puede fornicar y procrear, y la gran mayoría lo hace de hecho. Así la mezcla de genes continúa de forma perenne sin más, no hay actuación sobre los individuos portadores de esos genes, porque la mayoría tienen la posibilidad de reproducirse.
En todo caso actúa la selección sexual. La selección sexual se basa en otros factores que no tienen porque ser beneficiosos en la actuación con el medio de la especie. Valga como ejemplo la belleza de las aves o la sofisticación de su canto para cortejar a las hembras. Simple y llanamente el impacto de estos factores es nulo en cuanto a la supervivencia de la especie en condiciones adversas, incluso podría ser más dañino que beneficioso.
La sociedad ha servido beneficiosamente a la humanidad para que esta se haya impuesto en la cúspide de la cadena alimenticia, en la dominancia del planeta. Pero sus efectos beneficiosos puede que hayan llegado a su fin y de aquí en adelante sean más desastrosos que cualquier otra cosa.
La sociedad moderna, en su exuberancia, ha eliminado cualquier forma de selección natural. Habiendo el humano medio-superado la naturaleza, se halla en una encrucijada, en un trance, en que se ve envuelto por la propia paradoja de la efectividad de la sociedad en el vencimiento, en la dominación de la naturaleza, y a la vez se niega a los beneficios de verse escrutado a las fuerzas que actúan sobre los individuos. Las fuerzas que seleccionan de la sociedad a aquellos más validos de los inútiles.
La exuberancia nos priva del beneficio de la profundización de las fuerzas naturales en las poblaciones. Esta exuberancia nos ofusca y nos engaña, con una magia particular, en que nos sentimos dueños de la naturaleza mediante la técnica. Nos arrastra a pensar que estamos libres de su yugo. De que la hemos dominado, de que la hemos superado.
Pero no, nada más lejos de la realidad. Esta falacia de la sin-razón, está eyaculación emocional, esta percepción virtual no es sino una ilusión. Llegado el momento puede volverse en nuestra contra y atacarnos con saña, hundirnos e incluso destruirnos.
De hecho, ya está sucediendo. ¿O es que a caso los individuos más válidos para postergar la especie devendrían en el modo en que la sociedad lo hace? Forjándose la propia derrota de forma inconsciente, o simplemente no dándose cuenta de su sinsentido devenir. Los individuos más válidos, en nuestra situación actual, eliminarían aquellas afecciones inherentes al propio constructo abstracto que son negativas para el futuro de los propios individuos y de su herencia.
Dejando que la selección natural actuase en pro del propio futuro, se garantizaría que sólo los más validos para postergarnos sobreviviesen.
Sin embargo, esto puede resultar engañoso. La obtusidad con que la selección natural actúa normalmente, no realiza una selección apta para la supervivencia a aquellos acontecimientos que podrían devenir en la muerte de la propia especie.
La selección natural normal es insuficiente, ya que seguiría actuando y seleccionando ciertas aptitudes que no tienen porque ser beneficiosas cara a una selección natural supernormal, es decir, aquella propia de una catástrofe global. El ser humano en libertad, o más bien, libre del sistema social actual, no sería seleccionado positivamente más allá de lo que lo es ya en la estructura social actual.
De hecho, hace falta una auto-selección del ser humano para con el ser humano para que esta sea beneficiosa. Es decir, la selección natural debe dar paso a la selección, exclusivamente, artificial. Por muy rocambolesco que esto resulte, e incluso aparentemente peligroso, no hay otra manera de superar esta encrucijada, este devenir sin rumbo, en el que nos encontramos ahora mismo.
Así pues pasamos de considerar la sociedad como algo funesto, a considerarla como algo beneficioso, o más que beneficioso, necesario. Los organismos sociales tienen la posibilidad de ser autoconscientes, de contener pensamiento. De ser, de poseer el ser, la ontología de la primera persona. La conciencia, esto es, gracias a la sociedad. Nuestra estructura social es la que en gran medida, no, en toda la medida, nos ha permitido ser y pensar (o ser, es decir, pensar en la propia entidad). Esta es una condición necesaria para poder sino dominar, al menos si superar parte de la naturaleza. Aquella que nos liga sin más a la propia selección natural global, y nos permite el desarraigo, a largo plazo, la superación de la sujeción a la debacle cósmica, al menos localmente.
Así que sí, la sociedad va contra natura. Pero en un buen sentido, en el sentido que nos permite equipararnos a la misma. A controlarla y a sobrevivir hasta ciertos límites (aparentemente), a la misma.
Si el ser humano no desea esto, ¿entonces para que intentar superar a la propia naturaleza en un principio desde la propia sociedad? De ahí la deriva sin rumbo, la falta de claridad, el no saber lo que se quiere. La futilidad de la sociedad como es producida contemporáneamente. Va siendo tiempo ya de despertar, no sirve de nada seguir deviniendo y atándonos causalmente a la propia naturaleza. De adoptar la actitud de derrota de ante mano, o ni si quiera eso: la actitud determinista, que ni si quiera es una actitud, simplemente es un acto. El ser humano hoy deviene, no sabe lo que quiere, simplemente deviene sin más. Excepcionalmente, en ocasiones, el ser humano piensa más, y piensa sobre el sentido, entonces busca respuestas, respuestas que se mentafacturan, se intenta responder a ellas metafísicamente, teológicamente o teleológicamente, en cualquier modo: de forma dogmática. O simple y llanamente se derrota uno mismo y acepta la única e cruel verdad: el sinsentido de la existencia. Un pesimismo y derrotismo suele entonces dominar a la persona, una angustia. O por otra parte uno puede intentar adoptar cierta aptitud de sumisión de la voluntad, cierta superación de la misma.
Porque es la voluntad al fin y al cabo la que nos hace soñar y desear, es el querer, pero ante la vista de que no se puede alcanzar lo que se desea, nos invade la angustia y el dolor. Por otra parte existe la mente inquisitiva, la que anhela, puesto que aunque nosotros no somos más que una aberración de la naturaleza, una deriva de los procesos estocásticos o caóticos, hemos superado la primera función inicial del ser: la ventaja adaptativa. Pasamos de ser un animal social cuya mente es tan sólo el producto de la adaptación y la evolución, a estar por encima de la misma. Hemos superado la propia función inicial.
Y así nos hallamos simplemente perdidos, con una mente en un cuerpo, inequívocamente unidos y una producto del otro, en una singularidad. Pero una mente, una autoconciencia, que se pregunta sobre el por qué de las cosas. Y en última instancia se pregunta sobre el por qué del propio ser y de todo lo que es, de la realidad, de lo que es, y por lo tanto existe. En este proceso nos hallamos perdidos, intentando dar respuesta a las cuestiones que nos planteamos que al fin son resumibles a esas dos descritas anteriormente (todas, absolutamente todas las preguntas, se pueden derivar de estas dos preguntas: por qué se es y por qué es; e incluso resumibles a la segunda: por qué es).
Sólo hay dos aptitudes plausibles ante la pregunta: intentar responderla, acercarnos a ella, intentar averiguar la verdad detrás de la realidad o de la apariencia, lo subyacente, el por qué. O simplemente desentenderse de la existencia y eliminar toda voluntad. Sólo en el camino de la búsqueda o en el camino del abandono de la voluntad se supera la propia naturaleza y se sale del estado absurdo de devenir. Todo lo demás es rehuir la verdad.
Encuentro excitante el sinsentido (al menos aparente) de la existencia, y la única forma de hallar la verdad es sin duda pensando. Pero para pensar hay que sobrevivir a la propia naturaleza, y todo esto sólo es posible si se superan las propias limitaciones que nos hemos impuesto mediante el edificio social que hemos construido y no nos permite avanzar. La búsqueda es el motor, sin más aditivos. Con el fin de hallar algo, sea este algo un sentido o un sinsentido es irrelevante. Pero en el momento que esta búsqueda cesase, cesaría el único posible sentido de nuestro ser. Porque en nuestro ser, en nuestro pensamiento, sólo podemos hacer esto, pensar. Y por lo tanto, dado el aparente sinsentido de la realidad, nos construimos el nuestro propio, es decir: la búsqueda misma de la realidad. El propio pensar es el sentido propio nuestro, puesto que cualquier otro sentido es una falacia.
Para seguir pensando entonces, es necesario que eliminemos las limitaciones de la sociedad actual. Aquellas que pueden atentar al propio acto del pensamiento. Estas limitaciones nocivas son aquellas que van en contra de la supervivencia de la especie, y aquellas que van contra la integridad del pensamiento.
El hombre debe así evolucionar y superar estas limitaciones. El primer paso para evolucionar es esta selección. Como hemos concluido que la selección natural es insuficiente y que además la sociedad es necesaria para la supervivencia del yo, la necesidad de la autoselección es obvia.
En la superación de la naturaleza hace falta ser consecuente. Hay que dejar de devenir y hay que marcarse el objetivo: el pensar y la supervivencia a la propia naturaleza. El pensar es el objetivo, puesto que es la propia esencia como ya se ha dicho. Para esto la disociación de la sociedad actual es imperativa. En esta disociación silenciosa aquellos que piensan deben constituirse a parte de aquellos que no lo hacen. Para aquellos que desean superar en mayor parte su naturaleza animal, o simplemente superar la naturaleza biológica básica, es decir controlarla, aquellos que deseen dejar de actuar determinísticamente. De cesar de cumplimentar sus obligaciones biológicas, como portadores y reproductores simplemente, a pasar a la búsqueda de la verdad, no habrá más remedio que escindirse de la sociedad.
Esta escisión tiene como objetivo la vuelta a empezar, el nuevo comienzo desde el cual será posible una búsqueda más profunda, y la consecución de un objetivo, y no tan sólo una deriva caprichosa de la naturaleza sin finalidad. Dada la falta de finalidad, la finalidad debe ser pues construida por nosotros mismos.
¿Cómo es posible entonces la escisión? Este constructo que llamamos sociedad parece haber tomado vida y conciencia propia. Es un leviatán en que todos surcamos la vida. Un monstruo con vida propia que nos domina, una entidad que parece existir realmente y de la que cual formamos parte. Somos las entrañas del leviatán, de ese macro-organismo abstracto que llamamos sociedad, y al que dotamos de vida propia. Creemos formar parte de este leviatán monstruoso inevitablemente, de simplemente ser una célula más de su cuerpo, que trabaja para y por el organismo, que debe hacerlo, es el deber. Formar parte del monstruo es el deber, no hay escapatoria.
Muchos problemas se han derivado de esto, de dotar a la sociedad de vida. Para nosotros es un objeto real, una entidad que se mueve, y de la cual tan sólo somos una parte más que en nada puede afectar al organismo. Así nos replicamos, cual célula y cuando morimos esta replica nuestra nos suplantará. Está seguirá cumpliendo su papel en la sociedad, sin más remedio, y se volverá a replicar. Así hasta el fin de los tiempos. Si una célula es corrupta será aplacada y eliminada, y posteriormente otra sana ocupará su lugar. Pero el leviatán no es más que una mentira, una ilusión creada por nuestras mentes y por nuestra propia naturaleza. La sociedad parece competir con la naturaleza pero tan sólo es un subterfugio de la misma, un engaño mediante el cual se nos conduce a la consecución natural: nacimiento-reproducción-muerte. Este es el plan cósmico, aparentemente al menos. En cambio, si nos damos cuenta de la posibilidad de la construcción del propio fin: del pensamiento como fin, de la búsqueda infinita como inalcanzable fin, habremos dado un sentido que no sea el del capricho natural.
Así pues la escisión debe ser como un cáncer dentro del propio leviatán, un grupo de células corruptas que se propaguen incansablemente hasta corromper hasta tal punto al leviatán de aniquilarlo. Su muerte es el primer paso.
Esto presupone que todo ser humano es capaz de alcanzar este fin. ¿Pero es esto cierto después de todo? ¿Puede todo ser humano ser corrompido? La historia del leviatán y de las células subyacentes parece indicar que no.
A este respecto soy pesimista, y parece inevitable la mayoría de los humanos-animales por encima de los humanos que superen la propia naturaleza animal. Si es este el caso entonces la escisión debería ser más parecida al nacimiento de una nueva criatura que a un cáncer. Dentro del leviatán se debería gestar, por una concepción propia, un nuevo ser, que sea parido del mismo, y tome independencia. Esta cría debe entonces renegar de su propia madre corrupta y emprender su propio camino.
Debemos olvidarnos de la sociedad como una entidad con vida propia e insuperable, hay que progresar y rebasar esta concepción, y ser participes que desde el propio individuo se puede cambiar a esta entidad. O más bien, dada la naturalidad del hombre común, crear una nueva sociedad.
Es en el individuo pues, donde nos hemos de centrar, ha de ser este el principio y el fin. No la sociedad, la sociedad tan sólo es la herramienta, no la directriz y mucho menos el fin. Aquellos que piensan han de separarse, y aunarse, para superar la sociedad actual y crear una sociedad a parte de la misma. Una sociedad que vaya contra natura, pero no contra él. Si seguimos en esta sociedad seguiremos sin hallar un camino válido, seguiremos errando sin objetivo, o negándonos la verdad o el conocimiento de la misma, la aspiración a la misma. Tan sólo mentiras y más mentiras. Para seguir en esta sociedad, más vale aceptar la sumisión de la voluntad.
Podemos ir contra la selección natural en la misma (nula) medida que podemos ir contra la gravedad (un avión no “anula” la ley de la gravedad: sigue pesando lo que pesa, lo que ocurre es que aprovechamos las leyes de la aerodinámica para que no se caiga).
Siempre habrá gente que se reproduzca más y gente que se reproduzca menos. Aquellas características genéticas que otorguen a alguien una mayor probabilidad de reproducirse (consciente o inconscientemente), se verán incrementadas en la población. Ello no obsta para que los cambios que se den en la población humana dependan de otras razones (p.ej., el porcentaje de gente que lleva el pelo largo no depende de factores genéticos, sino de la moda, pero eso no “va contra la selección natural”, sino que simplemente es algo que entra a formar parte del entorno en el que la selección natural actúa — me explico: si los que tienen una mayor tendencia congénita a seguir la moda se dejan más el pelo largo, y eso les permite follar más, por término medio nacerán en la siguiente generación más individuos de los que tienen aquella tendencia genética -aunque sus hijos vivan en un ambiente en el que la moda es raparse el pelo).
Por otro lado, como buen naturalista, creo que no hay ni puede haber nada que vaya “en contra de la naturaleza” (es como el avión del principio: son las leyes naturales las que le hacen volar). Como mucho, el hombre puede ir contra lo que él piensa que es lo natural (y más a menudo, contra lo que él piensa que otros piensan que es lo natural), pero eso es una tendencia tan natural como la de las ballenas a nadar. Ya lo decía Aristóteles: el hombre es social por naturaleza. “Artificial” es sólo lo que nuestra naturaleza nos hace hacer.
Y con respecto a las cosas tan malas que dices de nuestra sociedad, lo cierto es que echo un vistazo a la historia y no encuentro ninguna sociedad que haya sido mejor en esos términos.
jesús
Febrero 9, 2008 a 7:04 pm
No podemos anular las “leyes” naturales, pero si podemos servirnos de sus mismos principios, gracias a nuestra capacidad de abstracción, para poder conseguir objetivos y fines propios, construidos (voluntariamente) por nosotros mismos. Y no tan sólo actuar por determinación natural. Nos podemos servir de los mismos principios de la ley de la gravedad para poder lanzar naves al espacio y explorar el espacio exterior escapando así de la gravedad terrestre.
Tampoco es cierto que no podamos vencer ciertas limitaciones naturales. La selección natural no es una ley causalmente como lo pueda ser la gravedad, a lo que se llama selección natural usted bien debe saber que es un compendio de causas y efectos que interactúan a modo de sistema complejo y por lo tanto sus resultados son indeterminables, son complejos caóticos y por lo tanto no tienen el mismo efecto que pueda tener la interacción gravitatoria. No hay una ley de la selección natural, y por lo tanto estamos o no sujetos a la selección natural tanto en cuanto estemos o no sujetos a esa red compleja de causas y efectos. En mi opinión esa red de causas y efectos ha dejado de actuar en gran medida en los humanos porque la adaptación al medio ha sido total hasta el punto en que modificamos el medio si así nos conviene. Esto pasa desde el desarrollo actual de la medicina que nos hace inmunes a una gran cantidad de bacterias y enfermedades en la práctica hasta el excedente de producción que elimina en gran parte uno de las claves de la selección natural: los recursos limitados.
Que siempre haya gente que se reproduzca más o menos es irrelevante, ya que el origen de o los cambios en las especies, o la supervivencia del más apto, no se producen porque haya gente que se reproduzca más o menos, sino porque hay una selección natural (ese compendio de causas y efectos) que actúa sobre una parte de la población seleccionando ciertos rasgos. Si no fuese así la variabilidad por mutación tiende naturalmente a cero. Es decir, que lo relevante no es si se reproducen más o menos, sino si por qué se reproducen más o menos. En la situación actual de la humanidad, no hay una reproducción diferencial en la población, tanto en cuanto la variabilidad generada es por cuestión de recombinación génica, pero no actúa la selección natural favoreciendo ningún rasgo de esa recombinación, a lo sumo actúa la selección sexual, que no por ello ha de ser beneficiosa.
En ese sentido eso es lo que usted describe: si follan más los que tienden a seguir la moda es una cuestión de selección sexual. Que sí, que aumenta la efectividad biológica al fin y al cabo, pero no es por ello beneficiosa y es eso, precisamente a lo que me refiero.
Por poner un ejemplo: Si aquellos más inteligentes que podrían llevar a cabo la tarea de desarrollar la ciencia hasta tal punto de poder colonizar el espacio exterior no son seleccionados, porque este no es un rasgo que entre dentro de la selección sexual en sentido positivo, sino que es neutro (y en cualquier caso no es un rasgo que se vaya a potenciar dada la tendencia a cero de cualquier rasgo distintivo que puede surgir por mutación ya que la selección natural es neutra, porque no actúa, respecto a él). ¿Qué ocurriría si llega un momento en el que cae un meteorito sobre la tierra y causa una debacle que extingue la humanidad porque no se ha podido escapar del meteorito? Lo que quiero decir con este ejemplo apocalíptico, es que en cualquier caso, no es importante ya la cuestión de que actúe o no la selección natural, sino de que llegados a nuestro punto actual, el hombre es el único “responsable” de seguir evolucionando de un modo u otro.
Respecto a si va o no en contra de la naturaleza, ateniéndome a lo dicho anteriormente, no es cuestión de que vaya contra natura (también hay que darse cuenta del registro del texto, que hay ciertas “licencias poéticas” y juegos con las palabras, otra cosa es que mi talento sea limitado o nulo, y transmita en mayor o menor grado), sino que pueda ser o no más perjudicial para el hombre. Como vengo diciendo la confusión puede venir de que se crea que exista una ley de la selección natural a modo de ley de la gravedad, cuando no es así, la selección natural es un postulado que hace referencia a una serie de dinámicas y compendio de causas que pueden resultar en una cosa u otra, es un postulado en sentido amplio, y examinándola más a fondo lo máximo que se puede predecir es en términos estocásticos y probabilísticos.
Si se entiende del texto que es una apología de una suerte de “asocialismo” entonces es que se ha entendido mal, de hecho digo explícitamente que la sociedad es algo necesario para el hombre. Pero no que la sociedad sea algo inamovible, una entidad de la que formamos parte sin más y con la que hemos de andar en el sentido de la corriente, sin intentar cambiarla a mejor. No digo ninguna cosas excesivamente malas sobre la sociedad, y una vez más me ha malinterpretado por dos motivos: primero, que no encuentre ninguna sociedad mejor en la historia no es indicativo de nada, porque no hay “sociedades”, sino que hay una única sociedad (o bueno, si quiere digamos la sociedad occidental por distinguir una evolución histórica más concreta y por ciertos rasgos comunes) que es continua en el tiempo y casi que también el espacio; y segundo porque esa continuidad es tal por una característica común: una falta clara de objetivo alguno como conjunto social. Así que malas o no, las cosas que digo no dejan de ser ciertas, el único momento en el que se estuvo cerca de cambiar tal cosa, fue en la Ilustración, pero al final la cosa no quedó más que en otra evolución.
Por último, y en definitiva, lo que quiero decir es que no hemos de aceptar sin más la sociedad y acomodarnos en ella. Bien, dicho todo esto, tengo que aclarar que dado mi carácter escéptico soy escéptico respecto incluso a mi propio pensamiento. Segundo que el texto (pese a ser un fallido intento), está escrito en clave literaria, pero no por ello dejo de creer que no tenga razón en muchas cosas, sino todas, de las que digo (lo cual es cuestionable obviamente) Y ya por fin, y ahora sí que acabo, que se denote cierto dramatismo del texto no quiere decir que no aprecie lo bueno de nuestra sociedad y que me tome la vida con cierto cinismo sano y humor, pero por esto no voy a dejar de ser alguien crítico, porque sin crítica seguiríamos en las cavernas.
Saludos.
Nacho
Febrero 9, 2008 a 8:51 pm
Nacho,
no voy a ser yo el que diga que la crítica es mala; hay que criticarlo todo, faltaría más. Pero eso no implica que esté de acuerdo con cualquier crítica a cualquier cosa. En particular, no creo qye haya que confundir la actitud crítica con el pesimismo: claro que hay muchísimas cosas mejorables en nuestra sociedad (digamos: “en los países occidentales, en los últimos cincuenta años”), pero eso no nos debe cegar ante la miríada de cosas en las que estamos inconcebiblemente mejor que nuestros tatarabuelos, y que los habitantes actuales de muchos otros países.
Más en particular aún: mi duda principal es que las posibles mejoras vayan a ser promovidas, y ni siquiera aceleradas, porque los filósofos nos dediquemos a dar “nuevas concepciones del ser humano y de la sociedad” (como decía Hegel: la lechuza de Minerva alza el vuelo al anochecer… o sea, cuando todo se ha hecho ya). De nuevo, eso no implica que no hagamos filosofía (¡no quiero quedarme en el paro!), pero sí implica ser escépticos acerca de nuestro posible protagonismo.
Y por último, sobre la evolución y la selección natural: es cierto que las características del ser humano pueden ir cambiando en el futuro, y que la mayor parte de esos cambios no se deberán a la selección natural (o sea, a que los que no hayan cambiado se reproduzcan en menor medida), pero serán cambios “accidentales” más que “substanciales” (o al menos, fácilmente eliminables, como las modas), pues no pasarán “automáticamente” de generación en generación (y si lo hacen, simplemente es que se habrán convertido en parte del entorno en el que opera la selección natural).
Me extraña sobre todo tu frase “el origen de o los cambios en las especies, o la supervivencia del más apto, no se producen porque haya gente que se reproduzca más o menos, sino porque hay una selección natural”. ¡Es que en ESO consiste la selección natural! La selección natural ES JUSTAMENTE el hecho de que, en ciertos entornos, ciertas características hereditarias hacen que unos individuos se reproduzcan más que otros. Por otro lado, las especies contribuyen a que el entorno sea de una manera o de otra (en la humana es obvio, pero en las demás también), y la selección natural sigue funcionando en ese nuevo entorno. Por supuesto, la acción futura de la selección natural sobre la especie humana será casual (como lo es siempre), pero no dejará de existir.
Un sitio muy bueno sobre pensamiento evolucionista en español es: http://pablorpalenzuela.wordpress.com/
jesús
Febrero 15, 2008 a 3:05 pm
Ahora que releo mi frase me doy cuenta que suena un tanto contradictoria o más bien tautológica. Lo que quería decir con esta frase es que sobre esa población que se reproduce, si no actúa la selección natural (circunstancias ambientales) de un modo u otro seleccionando ciertos especímenes con unas características dadas no se da una reproducción diferencial que favorezca a esos especímenes.
Admito que quizá peque de falta de perspectiva, ya que con ciertos conocimientos paleontológicos uno sabe que la selección natural puede estar millones de años sin actuar y de repente zas. Pero ese es uno de mis “temores”, que teniendo el poder y el “arma” de la conciencia y la inteligencia abstracta a un nivel bastante superior incluso de nuestros primos hermanos, no sepamos utilizarlo para predecir y curarnos en salud.
Probablemente en el fondo sea un romántico de la razón, como Hegel, que atribuye más poder a la razón y la voluntad del que en realidad exista, quizá sea querer construir una metafísica del hombre basada en éstas (sin llegar al Zeitgeist), o simplemente desde la finitud de nuestras vidas, y a pesar de ser consciente de ello, no darme cuenta que la naturaleza juega a otras escalas temporales. Quizá este equivocado queriendo hacer tal cosa por lo mismo que decía Hegel y por tu mismo escepticismo el cual comparto. Y es probable que sea excesivamente pesimista y catastrofista, ojala me equivoque en mi pensar y yo mismo de aquí 50 años, u otro de aquí 100 o 500 si leyese esto pueda decir “cuan equivocadoe stabas amigo” igual que nosotros podemos leer a antiguos pensadores y decir estas mismas palabras, y ver que todo ha mejorado y no lo contrario.
Nacho
Febrero 15, 2008 a 4:50 pm
Hola Nacho, Jesús,
pido perdón por inmiscuirme en vuestra conversación para hacer una puntalización pequeña. En nuestra especie y en el momento actual, la selección natural sigue actuando, aunque lo haga en menor medida que en nuestro pasado cazador-recolector. Las mutaciones que son realmente deletéreas dan lugar a fetos no viables que abortan. Otros problemas genéticos no letales, pero de graves consecuencias, como los síndromes de Down o Klinefelter no suelen/pueden reproducirse. Y es posible que la selección sexual esté actuando en mayor medida que en el pasado, ya que las posibilidades de elegir pareja se amplían con la globalización y con internet (esto último es meramente especulativo).
Nacho, enhorabuena por tu blog y que tenga larga vida. Me da la impresión de que compartimos varios intereses.
Saludos
Pablo
http://pablorpalenzuela.wordpress.com
pablorpalenzuela
Febrero 15, 2008 a 8:53 pm
Eres bienvenido. He echado un vistazo a tu blog y creo que contiene una cantidad de información importante, lo iré escudriñando poco a poco. Coincido en que compartimos intereses.
Cierto todo lo que dices, y hay más casos, por ejemplo el caso de la anemia falciforme y la malaria en África es un caso de selección natural de enorme repercusión. Y en general en todo el tercer (y cuarto) mundo sigue habiendo selección natural. Aunque creo que inconscientemente, al escribir esto pensaba más en la sociedad occidental que en otra cosa.
Sobre la selección sexual, estoy de acuerdo y me hago eco de ello (en el escrito original y en los comentarios), el “problema” es que la selección sexual se basa en factores que no tienen porque ser adaptativos.
Esto ya es salirse de la temática tratada (o bueno, no), pero cabría hablar sobre otros aspectos de tesitura social que afectan a la reproducción, me refiero a la bajada de la natalidad entre la población occidental. Un asunto sin duda complejo del cual dudo que haya una única explicación.
Nacho
Febrero 15, 2008 a 9:43 pm